El jueves 2 de octubre, a las 18:30 h, en el Teatro Auditorio Adolfo Marsillach tuvo lugar el primer jueves de la Memoria del otoño: la representación teatral de “María Domínguez. Una flor en el páramo” de Factory Producciones.
El acto fue presentado por Ramón Sánchez Arrieta, miembro de la junta directiva de la Asociación y zaragozano de pro. Tras informar de los asuntos en los que ha estado trabajando la Asociación a lo largo del verano (Memorial en el cementerio de San Sebastián de los Reyes en recuerdo y homenaje de los 32 vecinos fusilados al acabar la guerra, y de las gestiones con el Arzobispado de Madrid para la instalación de un Memorial en el cementerio parroquial de Colmenar Viejo), anunció las dos próximas actividades: presentación del libro “Libros en el infierno” en la biblioteca municipal Marcos Ana y el siguiente jueves de la Memoria en el Auditorio del Centro Joven, que tratará sobre el Patronato de Protección de la mujer. A continuación, hizo una breve semblanza de María Domínguez, el personaje que recoge la magnífica representación de Factory Producciones.
María Domínguez fue la segunda hija de una familia humilde de campesinos. Apenas pudo ir unos años a la escuela, por lo que su formación la obtuvo de forma autodidacta.
«Mis padres eran unos pobres jornaleros del campo que no sabían leer ni escribir. Naturalmente, a mí también, en cuanto pude, me pusieron a trabajar. Iba a espigar, a vendimiar, a arrancar trigo y cebada, a recoger olivas, a lo que salía. En los ratos libres deletreaba todos los impresos que caían en mis manos, romances de ciego, libros, cuentos de la escuela y cosas así. Me gustaba mucho. A mi madre en cambio, la enfadaba», explicó sobre su propia historia al periódico Ahora cuando fue elegida alcaldesa de Gallur en 1932.
También recordó en sus memorias la obediencia a mensajes de su madre como el de: “Mira hija, por la calle se va siempre con la vista baja. A los hombres no se les mira”, que le granjearon el mote de “María, la tonta”, seudónimo que después utilizó para firmar algunos escritos.
Por imposición de su familia, se casó con Bonifacio Ba Cercé a los 18 años. Siete años después, cansada de humillaciones y víctima de malos tratos, huyó del hogar a Barcelona, donde trabajó como sirvienta. En 1907, denunciada por su marido fue puesta en “busca y captura” y perseguida por la policía, aunque no fue detenida.
Regresó a Pozuelo de Aragón, y con los ahorros que había conseguido reunir se compró una máquina de hacer medias que le proporcionó una forma de ganarse la vida.
Comenzó a escribir y envió un artículo al diario El País de Madrid, que le fue publicado. Empezó a estudiar magisterio. En 1914 se presentó al examen con resultado negativo. Se instaló en Zaragoza matriculándose en el turno nocturno de la Escuela de Artes y Oficios mientras trabajaba cosiendo medias a máquina en su domicilio.
Pronto se convirtió en asidua colaboradora del semanario republicano Ideal de Aragón, órgano de expresión del recién creado Partido Republicano Autónomo Aragonés, donde escribió artículos antibelicistas y contrarios a la pena de muerte, bajo los seudónimos de Imperia y Almina.
En 1917 trabajó como maestra no titulada durante unos meses en una escuela del caserío de Mendiola, en el valle navarro de Baztán, pero tuvo que abandonarlo por problemas de salud. No obstante, tuvo tiempo de presentarse a los exámenes de la Escuela de Magisterio de Pamplona, en los que esta vez aprobó. Estuvo gravemente enferma por la epidemia de gripe de 1918, permaneciendo en cama más de un año.
En 1922 quedó viuda y dos años después, a los 44, contrajo segundas nupcias con Arturo Segundo Romanos, un esquilador viudo de ideas socialistas, en la iglesia de San Gil de Zaragoza. Se instalaron en el pueblo vecino de Gallur y juntos crearon la Sección local de la UGT a finales de la dictadura de Primo de Rivera.
Con su nombre, María Domínguez, colaboró en el semanario socialista Vida Nueva de Zaragoza, cuyo primer número apareció el 4 de mayo de 1930 y en Avance de Tolosa. En sus escritos se mostró defensora de la emancipación de los desfavorecidos, entre los que se incluía a las mujeres:
«Somos madres, somos hermanas y compañeras de los explotados; ayudémosles a su liberación, que es la nuestra», escribía en un artículo publicado en Vida Socialista (25-05-1930) con el título «¡Despierta, mujer!». A partir del 14 de abril de 1931 realizó una intensa labor de propaganda feminista, socialista y republicana. Desde sus escritos defendía la República de la vieja política, combatía a los enemigos de la democracia, pregonaba el papel activo de la mujer y denunciaba las injusticias cercanas.
Cuando en el verano de 1932 se produjo una profunda crisis en la corporación municipal de mayoría socialista de Gallur, el gobernador civil de la provincia la designó a ella como presidenta de una Comisión Gestora, convirtiéndose así en la primera mujer que estuvo al frente de una alcaldía durante la II República. (Con anterioridad, durante los años de la Dictadura de Primo de Rivera, la primera alcaldesa española, por designación, fue Matilde Pérez Mollá, en la localidad alicantina de Cuatretondeta). María Domínguez ocupó el cargo desde el 29 de julio de 1932 al 6 de febrero de 1933.
En poco más de seis meses de alcaldesa hizo todo esto: Aplicó la legislación laboral de la República; creó las bolsas de trabajo rural para reducir los niveles de desempleo; constituyó una escuela unitaria de niños y niñas; ofreció subvenciones a los maestros para que contrataran a limpiadoras para que los niños no tuvieran que limpiar; aprobó una subvención de sacos de carbón para que los niños no tuvieran que llevarlo de sus casas a la escuela; aprobó el blanqueo de las escuelas para que estuvieran más dignas; y asistió al XVII Congreso de la UGT en 1932, donde fue secretaria de la 10.ª sesión.
El 6 de febrero de 1933 tuvo que dimitir del cargo por una ley aprobada en el Congreso que sustituía las comisiones gestoras creadas con carácter transitorio. Se marchó satisfecha de su labor, pero desilusionada y cansada de tanta censura a sus desvelos por el municipio.
Tras dejar la alcaldía se dedicó a la docencia y a las colaboraciones periodísticas. Sus textos eran militantes e incisivos, cargados de ironía, inteligencia y una mirada propia sobre el mundo. Algunos de sus artículos los firmaba con el seudónimo “María la tonta”.
Los valores que defendió fueron: la igualdad de la mujer, la libertad de pensamiento, el sufragio universal, el voto femenino, la lucha contra la opresión, la liberación de los prejuicios culturales y religiosos, la enseñanza, la cultura como motor de cambio, la superación, el valor, el amor no impuesto sino elegido libremente y el hecho de plasmar los ideales en acciones concretas.
Al producirse el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 buscó refugio en casa de su hermana en Pozuelo de Aragón. Allí fue detenida pocos días después y fusilada por el bando franquista el 7 de septiembre de 1936 en las tapias del cementerio de Fuendejalón, pueblo cercano al suyo. Su marido, Arturo Romanos, fue fusilado al poco tiempo en el pueblo zaragozano de Tabuenca.
Sus restos fueron recuperados el 30 de enero de 2021 de la fosa donde habían sido enterrados. El 2 de marzo se confirmó, mediante análisis de ADN, que los restos encontrados eran los de María Domínguez. Tenía un tiro en la cabeza. Junto a sus restos se hallaron una peineta, cuatro horquillas del pelo, dos botones y trozos de unas sandalias. Una vez identificados los restos, fueron enterrados nuevamente en el cementerio de Fuendejalón, pero en una tumba formal, la cual fue declarada por el gobierno de Aragón “Lugar de Memoria Democrática”.
Esta presentación puede verse en la grabación que la Asociación hace de cada acto:
La vida de María fue sesgada por los sublevados durante los primeros meses de la guerra al ser delatada. En 2022 se conmemoró el 90º aniversario de su proclamación como alcaldesa de Gallur. Es necesario reivindicar la figura de María Domínguez como una de las precursoras del pensamiento feminista en Aragón y por la defensa de la igualdad. Figura que fue borrada de la Historia por las injusticias de las guerras.
Voces que hay que rescatar del olvido. Mujeres que por el hecho de serlo han desaparecido de la Historia y que hay que recuperar para evidenciar el poder de la palabra y de las acciones. María Domínguez coincidió en el tiempo con otras tres mujeres congresistas: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, cuyas voces sí han sido reconocidas. Mujeres que hicieron labor con lo que María Domínguez promulgaba: “La mujer en el Parlamento debe ayudar a legislar a favor de la clase trabajadora y aún de la misma mujer…” y su alcaldía gallurana sirvió de precedente en toda la España democrática y serviría como legado para todas aquellas mujeres que posteriormente han ocupado cargos políticos en los últimos años de democracia. Sirviendo de precedente, en la misma población de Gallur, para que 83 años después, sea una mujer la que esté gobernando ese mismo ayuntamiento.
Todo ello se visualizó magníficamente en la representación, en la que los actores estuvieron acompañados de un espacio sonoro de fondo, en directo, gracias a Noelia Gracia y Jesús Ortiz.
A pesar de la larga duración de la obra, el tiempo pasó muy rápido. La compañía tenía que viajar a Zaragoza y no pudo realizarse un coloquio, que sin lugar a dudas hubiera sido el deseo de la mayoría de los asistentes.
