El primer franquismo. Tiempos de venganza

Las tropas franquistas, llamadas Ejército de Ocupación, tomaron el pueblo el 28 de marzo de 1939, y el mismo día constituyeron una comisión gestora municipal. Contó para ello con aquellos vecinos afines a la nueva causa. En esta localidad no tuvieron muchas dificultades para hallar a los del bando franquista. Destaca en esta elección el primer alcalde que nombraron: Esteban Isabel Gómez, el último alcalde republicano. Derechista infiltrado, tuvo información de primera mano para iniciar las denuncias contra los republicanos en los consejos de guerra, que empezaron a funcionar de forma inmediata.

Cuadro nº 19

Primera formación municipal nombrada por las autoridades militares franquistas (28 de marzo de 1939)

Nombre y apellidosCargo
Esteban Isabel GómezAlcalde
José Izquierdo MontesConcejal
Ramón Pérez GalánConcejal
Manuel Olivares LópezConcejal
Gabriel Olivares PadínConcejal
Cipriano Martín López Concejal

Fuente: Archivo Regional de la Comunidad de Madrid (ARCM), Sección: Archivo Municipal de San Sebastián de los Reyes (AMSSR). Elaboración de Roberto Fernández Suárez

 

Foto del Ayuntamiento tomada por el ejército de ocupación, en la que puede verse simbología de Falange

 

Se iniciaron rápidamente las operaciones de represión. Desde los primeros días de abril se fueron arrestando a los republicanos, hombres y mujeres, que fueron inicialmente denunciados por vecinos que tenían cuentas pendientes del pasado. Dichas personas se acercaban a la sede del cuartel de la Guardia Civil en Alcobendas y realizaban su denuncia. Inmediatamente, los agentes de la Guardia Civil arrestaban al denunciado para hacerle declarar. Una vez realizada la declaración, quedaba ingresado en el calabozo del ayuntamiento a la espera de su traslado a la cárcel de Colmenar Viejo, donde a la gran mayoría de los republicanos les esperaba un consejo de guerra militar.

Las autoridades militares necesitaban de informes “fiables” de vecinos acordes con la nueva España y para ello tuvieron que contar con la Falange local, que se acababa de formar. Uno de sus primeros jefes fue Paulino García Armendáriz, peluquero de oficio, quien realizó informes para las autoridades militares, ayudado en dichas tareas de denuncia por Juan Olivares López, auxiliados por las mismas personas que informaban en sus declaraciones en los consejos de guerra, como por ejemplo: Pedro Colmenar Montes, Severo del Olmo, Manuel y Juan Navacerrada Frutos, Francisco Navacerrada Lozano, José Redondo Moreno, Manuel Frutos Colmenar, Francisco Navacerrada Sanz, José Elvira Díaz, Blas Redondo Carril, etc. El veredicto final no pudo ser más cruento:

25 fusilados en Colmenar Viejo, enterrados en las dos fosas comunes de su cementerio, y otros 7 fusilados en el cementerio de la Almudena de Madrid, entre 1939 y 1940.

Las autoridades civiles franquistas eligieron una nueva comisión gestora en mayo de 1939, en la que destacaba Pedro Colmenar Montes, que había sido alcalde republicano entre 1931 y 1936 y que ahora, tal vez, era la persona más influyente del franquismo local.

Cuadro nº 20

Nueva composición de la comisión gestora municipal (a partir de mayo de 1939)

Nombre y apellidosCargo
Pedro Colmenar MontesAlcalde
Ramón Pérez GalánConcejal
Anastasio Esteban LópezConcejal
Enrique Aguado MontesConcejal
José Izquierdo MontesConcejal
Manuel Olivares López Concejal

Fuente: ARCM, Sección: AMSSR. Elaboración de Roberto Fernández Suárez

Destacan en la composición de las primeras comisiones gestoras franquistas unas personas que habían sufrido directa o indirectamente la violencia republicana. Pedro Colmenar Montes tuvo que huir de su casa por el patio trasero de la misma y esconderse para no ser arrestado por las milicias locales. Enrique Aguado Montes, José Izquierdo Montes, Manuel Olivares López o Gabriel Olivares Padín sufrieron penurias de cárcel, evacuaciones o ser familiares de asesinados. Por lo tanto, les unía a todos ellos un gran resentimiento que no permitía ninguna opción a la concordia ni a la paz, solo venganza y odio, alimentados por las nuevas autoridades franquistas.

Sus denuncias fueron especialmente arbitrarias y poco objetivas, aspectos que los tribunales militares de Colmenar Viejo y de Madrid aceptaron como declaración fidedigna y honesta. El propio republicano Daniel Perdiguero Baena explicaba que prefería ser juzgado en un tribunal militar de Madrid que en el de Colmenar Viejo. Dijo “que se presentaba a las autoridades de Madrid que no a las de su pueblo ya que en Madrid la justicia es más recta y no la de los pueblos por cuanto se dejan llevar por pasiones”.

Muchas denuncias parecen haber sido consensuadas por los propios denunciantes, ya que repetían los mismos argumentos como si de una letanía se tratara. Por ejemplo, denunciaban a muchos milicianos de las JSU que estuvieron acuartelados en Chamartín de la Rosa en el cuartel Nebrija en septiembre de 1936. Según los denunciantes, fueron dichos milicianos los responsables de unos hechos violentos allí ocurridos con la muerte de varios oficiales republicanos supuestamente derechistas. Sin ningún tipo de pruebas, sin datos ni nombres de los asesinados, sin comentar nada al respecto, sino invocando el “vox populi”, o sea los chismorreos, no les temblaron ni la mano ni la voz para denunciarles.

En base también a tan “objetivo” vox populi, se denunció a una serie de milicianos del pueblo por el asesinato de dos sacerdotes y un político del pueblo vecino de Algete. Sin pruebas, sin testigos directos que lo certificaran, este asesinato fue denunciado con reiteración por todos los franquistas del pueblo, a pesar de las evidencias que lo negaban. Los propios franquistas de Algete, en su informe de la Causa General, no citaron a ningún miliciano de San Sebastián de los Reyes en estos hechos. Basta decir que los franquistas de Algete estaban alejados “de las pasiones” que aquí se hallaban en carne viva, como decía Daniel Perdiguero Baena.

Las primeras composiciones de las comisiones gestoras franquistas del pueblo reafirmaron que volvían a ocupar los cargos municipales aquellos vecinos que formaron parte de la élite política local en el pasado. El máximo exponente de la misma era Pedro Colmenar Montes, que fue concejal durante el periodo monárquico entre 1920 y 1922, alcalde durante el periodo de la dictadura de Primo de Rivera, lo fue igualmente durante todo el periodo republicano y finalmente, como no podía ser de otra forma, alcalde franquista. Pero no fue el único. Hubo otros que siguieron su estela. José Izquierdo Montes fue alcalde monárquico en 1923 y concejal franquista en 1939. Enrique Aguado Montes fue concejal durante el periodo de la dictadura de Primo de Rivera y repitió como concejal franquista. De la misma manera, Anastasio Esteban López y Gabriel Olivares Padín fueron concejales monárquicos en 1923 y franquistas en 1939 (ver cuadro nº 21).

Cuadro nº 21

Perpetuación de la élite política local a través de diferentes regímenes políticos

Nombre y apellidos1920-221923-261926-2919301931-361939
Pedro Colmenar MontesConcejalAlcaldeConcejalAlcaldeAlcalde
José Izquierdo MontesAlcaldeConcejal
Enrique Aguado MontesConcejalConcejal
Anastasio Esteban LópezConcejalConcejal
Gabriel Olivares PadínConcejalConcejal
Ramón Pérez GalánConcejalConcejal

Fuente: ARCM, Sección: AMSSR. Elaboración de Roberto Fernández Suárez

El periodo de la Guerra Civil correspondió a una fuerte ruptura de muchos años de perpetuación de la élite política local. Dicha élite se quedó eclipsada durante tres años y volvió a resurgir con la victoria franquista. A pesar de la desconfianza de los falangistas hacia todo lo que representaba la vieja política, no pudieron o no quisieron renovar los cargos políticos. Volvieron las tradicionales familias al poder como si nada hubiera pasado. A 20 años de la finalización de la guerra, en 1959, el alcalde del pueblo era… José Redondo Moreno, el antiguo secretario municipal.